
Hay deportistas que ganan una medalla olímpica y pasan a la historia como héroes. Hay otros que, aunque la ganaron se quedan pensando en el detalle que les faltó para ser perfectos.
Una historia similar es la de José Pedraza Zúñiga conocido por “El Sargento” quien nació un 19 de septiembre de 1937, y murió muy joven a los 61 años el primero de junio de 1998.
Aunque su logro fue hace muchos años, en Reporte 32MX queremos hacer un ejercicio de memoria y con ello tratar de mostrarle a las nuevas generaciones que México ha sido, fue y será una tierra de campeones.

La edición número diecinueve de los Juegos Olímpicos se celebraba en México en 1968.
En su tierra, frente a su gente y en el Estadio Olímpico Universitario, ganó la medalla de plata en los 20 kilómetros de marcha. Fue la primera medalla olímpica de México en atletismo. Pero perdió el oro por apenas dos segundos.
La imagen de Pedraza atrás del atleta ruso fue la portada de la mayoría de los diarios del mundo.
Por eso vamos a preguntarle lo siguiente:
—Sargento, ¿usted ganó una plata o perdió un oro?
—Las dos cosas.

—Para México fue una hazaña.
—Sí. Para México. Pero uno como atleta siempre piensa en lo que pudo hacer mejor.
—¿Todavía recuerda esos últimos metros?
—Todos los días que viví después de aquella competencia lo recuerdo. Es algo en lo que no puedo dejar de pensar. Pude haber ganado el oro.
—¿Qué le faltó?
—Dos segundos.
—¿Y qué le sobró?
—Orgullo. Saber que un mexicano podía estar ahí, peleando contra los mejores del mundo.

—Después de usted llegaron Bautista, Canto, Raúl González, Mercenario… México se convirtió en potencia mundial de la marcha. ¿Le dio gusto?
—Mucho. Si ellos caminaron más rápido porque nosotros abrimos el camino, entonces valió la pena, pero para mi carrera y para mi futuro, esa pinche medalla solo me dejo amargura.
—Si pudiera regresar a aquella tarde del 14 de octubre de 1968, ¿qué cambiaría?
—Nada. Quizá solamente intentaría caminar dos segundos más rápido y mentarle la madre nuevamente al pinche ruso Volodimir Holubnichy para que disminuyera su ritmo y ganar el oro.
Juntos reímos un poco y a bote pronto le dije que me permitiera hacerle una última pregunta, y aceptó de mala gana porque ya se quería regresar a su descanso eterno.
-¿Qué mensaje o legado les deja a las nuevas generaciones?
—Mi mayor deseo es que los niños y los jóvenes de nuestro país tengan, quizás como yo, una oportunidad para progresar y ser mejor.

Con esta frase nos despedimos del Sargento. Un atleta que no necesitó ganar el oro para convertirse en historia.
Porque nuestra obligación deportiva es nunca olvidarnos de los grandes atletas. Ellos nos recuerdan que siempre celebramos sus triunfos y nos dan un gran ejemplo de fuerza, tenacidad y mucho talento.







