
El que la empresa de telecomunicaciones más poderosa del mundo fracasara en México no se explica sólo a un entorno regulatorio adverso, a la competencia o incluso bloqueo por del operador preponderante nacional: que el corporativo en Texas a cargo de John Stankey aceptara una monumental pérdida de valor al vender en 2 mil millones de dólares luego de invertir 12 mil millones de dólares, es la muestra de que el colapso fue básicamente interno… y que las razones del fracaso son conocidas por los compradores, Grupo Televisa que coodirigen Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez en asociación con David Martínez de Fintech Group.
De hecho, el plan de negocios de ingreso a México fue lo que originó los problemas internos, y que se agravaron con una gestión y modelo gerencial descontextualizados del entorno local, soberbia de marketing, complicidades internas y la renuncia a contar con una infraestructura propia. De hecho se puede decir que la última estructura directiva a cargo de Mónica Aspe intentó revertir esos fallos estructurales -se mantuvo al mando más tiempo que cualquiera de sus antecesores- pero el daño estaba ya hecho.
Una parte sustancial de esa inversión provino de la liquidación de la participación histórica (más de dos décadas) de AT&T en América Móvil en 2014; de esa liquidación recibió 5,500 millones de dólares. De esos recursos usó 4,375 millones de dólares en la compra de Iusacell y de Unefón-Nextel. Es decir que se utilizó el recurso de inicio para comprar infraestructura existente, no de una inversión semilla o nueva.

De hecho, el primer director de AT&T México, Thaddeus Arroyo, renunció a la posibilidad de contar con infraestructura propia y entró al arredramiento masivo de ella, rentando espacios a torretas de terceros como American Tower y, posteriormente, firmando convenios de compartición de infraestructura de última milla y espectro con Telefónica Movistar
Si bien esto aligeró temporalmente sus reportes de gastos fijos, a largo plazo los dejó sin activos tangibles estratégicos y dependientes de redes ajenas, fallando en el objetivo de igualar la cobertura garantizada de Telcel.
Así que cayó en la trampa de del arrendamiento. Junto con ello, la compra de empresas preexistentes generó uno de los dolores de cabeza más denunciados por los usuarios a lo largo de los años, es decir la incapacidad de unificar de forma óptima los sistemas de las tres compañías adquiridas.

Durante mucho tiempo operaron con plataformas fragmentadas para clientes que provenían del “esquema Nextel” (enfocado en postpago corporativo y radio), la base de Iusacell/Unefon (migrada a marchas forzadas) y los nuevos usuarios nativos de AT&T. Esta fricción tecnológica se tradujo de forma directa en errores de cobranza, fallas de facturación y confusión en los centros de atención
Tres sistemas de operación, tres sistemas de comercialización, tres sistemas de facturación, tres nóminas diferentes que no pudieron o quisieron unificar Kelly King ni Laurent Therivel, directores corporativos con salarios y prestaciones tipo estadounidense (camionetototas, escoltotas, casas lujosas, pagos indexados a dólares). Cada uno estos directores duraron dos años en el puesto y luego fueron relocalizados en la estructura global AT&T.
Así, ¿qué podría salir mal? Pues sí, y muchas otras cosas que les cuento en breve.

Las barrancas sin fondo de Cuautitlán.
El número está censado: el 70% de las vialidades en el municipio de Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México, presentan afectaciones según la propia información del municipio que gobierna Daniel Serrano Palacios; esto ha sido denunciado al menos desde hace un año por vecinos y empresarios de la zona. Las áreas más afectadas son las de las naves industriales, por lo que el gobierno municipal buscó ya a los empresarios para que participen en la rehabilitación de calles y avenidas con mayor deterioro, mediante un esquema de inversión pública y privada.
De acuerdo con el alcalde, debe haber “sensibilidad” de parte de los empresarios debido a que las afectaciones son causadas en buena medida por el transporte de carga que circula por la zona; el problema es que el mantenimiento de las vialidades corresponde a las obligaciones del municipio y, para ello, se destina anualmente un presupuesto que rebasa en Cuautitlán Izcalli los 500 millones de pesos.
Entonces, ¿dónde quedó el dinero?

Quedaron a deber el Mundialito Oaxtepec
Entre los múltiples y serios problemas que tiene que hacer frente el Instituto Mexicano del Seguro Social, es probable que Zoe Robledo no haya reparado en que sus subalternos quedaron a deber 12 millones de pesos desde mayo pasado a los proveedores que hicieron posible la celebración del ‘Street Child World Cup’ en el Centro Vacacional IMSS Oaxtepec, como parte de la iniciativa internacional para la inclusión social de jóvenes de la calle mediante el deporte y con la participación de 30 equipos de todo el mundo.

Un noble propósito… pero que dejó colgado Luis Iván Camacho, Titular de la Unidad de Prestaciones de Servicios del IMSS y Héctor García Antonio, director de deportes del Instituto.
No le cuenten del impago a John Wroe, CEO de Street Child United ni al ex futbolista Manuel Negrete y al afamado entrenador campeón del mundo sub-17 Jesús Ramírez, pues los proveedores financiaron transportes, artículos deportivos, alimentación, zonas de descanso, hidratación, trofeos, medallas, reconocimientos, pantallas, banners, audio, video, iluminación y ahora padecen la incertidumbre y limbo jurídico con los severos costos que ello implica.

Pláticas en Toluca
¿De qué habrán platicado el pasado miércoles el senador Alejandro Esquer y el secretario de gobierno del Estado de México, Horacio Duarte? Hay quienes suponen que el número dos del Edomex visitó al ex secretario particular de Andrés Manuel López para recibir instrucciones de Tabasco; incluso no se descarta que pudo platicar con el ex mandatario, ya que Esquer es de los pocos al que le toma la llamada. A lo mejor el tema fue Mario Mabarak, dicen.
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